ACTITUD Y EMPRESA

Antes de comenzar quiero agradecerte que me dediques un ratito de tu tiempo, que es sin duda una de las cosas más valiosas que me puedes dar. Para mí es un placer que estés ahí y mi máxima aspiración es poder compensarte como tú te mereces. El último día, hablábamos de como la ACTITUD es fundamental en la adquisición de una competencia, parece claro que somos competentes en algo, cuando además de tener los conocimientos necesarios – “saber”, los interiorizamos y con la experiencia adquirimos habilidades – “saber hacer”, pero necesitamos algo más que es el “saber estar”, el ánimo y el comportamiento con el que te enfrentas a las situaciones que se te presentan, es decir tu Actitud.

Te hablaba de que tu Actitud es una variable que determina la consecución de tus resultados y que depende exclusivamente de ti, de forma que incide en tu autoestima, en tu forma de percibirte, en cómo te ves y cómo proyectas tu autoimagen en los demás; es gratis, no cuesta dinero, ni siquiera esfuerzo excesivo, pero tu actitud tiene la capacidad de determinar influencia en ti y en los demás; es inimitable, tu actitud es tu actitud y aunque quiera imitar tus  comportamientos, tu actitud es diferenciadora y exclusiva de ti.

Si esta situación la llevamos al mundo de la EMPRESA, en este entorno actual en que hay de todo, en cualquier momento y en cualquier sitio, son los factores emocionales, son las actitudes de las personas las que marcan la diferencia, convirtiéndose en ventajas competitivas estratégicas de mayor importancia que el precio de los productos o servicios que se ofrecen.

Y eso se pone mucho más de manifiesto si tu empresa (estés en el cargo que estés) es principalmente de servicios; la diferencia fundamental con tus competidores es tu actitud y la de tu equipo. Si eres empresario, autónomo o gestor de un equipo, tienes necesariamente que gestionar actitudes y si eres miembro de un equipo tienes que hacer que tu actitud sea excelente y así marcarás diferencia con esos competidores y además estarás más cerca de conseguir los resultados que tu equipo se haya marcado.

Para conseguir el éxito en la empresa y obtener confianza e influencia en tu cliente, acercarte a su satisfacción y posterior fidelización tienes que manejar variables racionales y emocionales. Las racionales están relacionadas con tu producto o servicio, con los procesos, con las garantías y con el precio. Si tu producto o servicio es único y lo necesita tu cliente, el negocio es tuyo, pero eso no suele ocurrir, lo normal es que tengamos un producto bueno que entra en competencia con el resto de empresas de tu sector. Si además aplicas procesos novedosos que inciden en la comodidad del cliente o en la funcionalidad del producto, mejor. Pero los procesos se pueden al final copiar con lo que la exclusividad se limita. Lo mismo ocurre con las garantías, si ofreces una garantía muy fiable, ganas cuota de mercado, pero al final es posible que también  se pueda imitar. En cuanto al precio, qué decirte, si basas toda tu diferencia competitiva en el precio es probable que acabes fracasando porque siempre habrá alguien que pueda hacerlo por un precio más bajo, a costa de modificar alguna variable anterior, además por precio no conseguirás ni confianza ni fidelización. En fin dentro de estas variables racionales quizás lo más conveniente, lo recomendable, sea diferenciarte con alguna de ellas o todas, sin rebajar el precio.

Pero además existen otras variables de carácter emocional, que sin duda establecen la diferencia y son la Actitud y la Marca, porque son la que realmente generan confianza en el cliente y desde estas variables puedes alcanzar credibilidad e influencia y acercarte a cubrir necesidades superiores como la autoafirmación, la pertenencia, el reconocimiento o la contribución.

Por tanto, aquellas variables racionales es muy probable que acaben consiguiéndolas las empresas de la competencia, luego la diferencia va a estar en estas variables emocionales, ya que la satisfacción y la confianza se obtienen mediante procesos emocionales. Por eso acaba ocurriendo que en la ecuación del Valor de tu producto o servicio, son importantes tus conocimientos y tus habilidades, pero no suficientes, por tanto suman; lo que parece claro es que la Actitud es un factor diferencial, porque querer es más importante que saber, por tanto en esa ecuación la Actitud multiplica.

Por ello, hay que realizar una gestión de las actitudes y eso se consigue trabajando las emociones, generando estados emocionales positivos, provocando motivación y optimismo.

Permíteme que te ofrezca algunas opciones que puedes valorar para que construyas actitudes que te acerquen tu éxito empresarial:

  • Sé positivo: se trata de un estado mental que tienes que elegir, y puestos a elegir mejor positivo que negativo, es decir valora y abraza las cosas buenas que te rodean desde el optimismo.
  • Sonríe: así construyes relaciones, provocas confianza y motivación y eso revierte inmediatamente en ti, mejorando tu autoestima.
  • Trabaja las opciones: genera oportunidades desde la flexibilidad, entiende las dificultades como posibilidades de crecimiento y aprendizaje.
  • Actúa con pasión: que sea el amor tu estado natural y verás cómo eso se traduce en inspiración e influencia; es cien por cien efectivo.

En definitiva son las actitudes positivas las que mejores resultados provocan ya que te permiten un crecimiento personal inmediato y sin duda te van a llevar al desarrollo y al éxito empresarial.

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