EMPRESA Y COMUNICACIÓN

Como siempre y antes de comenzar quiero agradecerte que me sigas dedicando un rato de tu tiempo, ojalá pueda compensarte como tú te mereces el esfuerzo que realizas por estar ahí. El otro día te hablaba de la relación entre actitud y EMPRESA, de como se hace fundamental gestionar el ánimo y comportamiento con el que te enfrentas a las situaciones cotidianas que en tu empresa se generan. Es esa actitud, propia particular tuya, la que caracteriza tu capacidad de saber estar, que como te decía, en la ecuación de valor de tu empresa, no suma como lo hacen los conocimientos y habilidades que tienes, sino que multiplica.

Son, por tanto, las actitudes de las personas las que establecen la ventaja competitiva estratégica de las empresas, partiendo de la base de que los productos y servicios que ofreces, en este mundo globalizado, pueden ser ofrecidos con características muy similares por tu competencia, por lo que probablemente el valor diferencial y exclusivo con tus competidores es tu actitud y la de tu equipo.

Cuando gestionas actitudes estás gestionando variables emocionales, aquellas que marcan la diferencia, te estás dirigiendo hacia las emociones de tus clientes, por lo que lo ideal es generarles, desde tu actitud positiva y motivadora, estados emocionales que les provoquen el beneficio que buscan y, de esa forma, tú te acercarás a los resultados que te has propuesto.

Y ocurre que el proceso por el cual provocas intercambio de sentimientos, emociones, opiniones o información es la COMUNICACIÓN. Es evidente, para que la comunicación sea transmitida de forma eficaz y eficiente necesita ser clara y concisa, ser transmitida de forma objetiva e imparcial.

Se entiende que la comunicación se establece a través del habla, de la escritura, pero también de toda una serie de “señales” que tienen una enorme influencia. Por ello, para que la comunicación sea efectiva necesita un equilibrio entre comunicación lógica, racional, la que sale y se dirige a la cabeza y comunicación afectiva, la que sale y se dirige al corazón, porque como dice uno de mis maestros, Fran Mezcua, “con la razón vences pero con el corazón convences”. Desde ese equilibrio que te propongo, haces importante a los demás y los atraes, les aportas valor y generas sobre ellos influencia. El brillo de tu comunicación no se debe a lo que aportas racionalmente sino que con lo que aportas afectivamente, le das permiso a los demás para que brillen.

La comunicación interna y externa en la empresa es fundamental, ya que mejora la relación interpersonal y organizacional, pero esos procesos son complejos, ya que lo “verdadero” no es lo que dice el emisor, sino lo que entiende el receptor, midiéndose el resultado, no por las intenciones del emisor, sino por el efecto que se produce en el receptor. Por ello la efectividad de la comunicación es tanto de emisor como de receptor; pero es el emisor el que mayor porcentaje de responsabilidad tiene, ya que como lo que se entiende es selectivo y depende de la “realidad” de cada persona, es el emisor el que tiene que realizar el esfuerzo de ofrecer un mensaje que coincida con los valores del receptor y para eso tiene que provocar una comunicación empática, igualándose al otro y ofreciendo un lenguaje envolvente y abierto. Es muy importante que tengas en cuenta que tu comunicación implica además una actitud positiva, flexible y apasionada y llena de escucha activa, porque primero hay que comprender para luego ser comprendido, por lo que es conveniente que seas asertivo y empático, que formules preguntas, que ofrezcas feedback, que resumas y parafrasees y que reflejes las emociones del receptor.

La comunicación, tu comunicación tiene que estar basada en crear valor, ofrecer beneficios en la experiencia de tus clientes y así generar influencia en ellos.

No olvides una cuestión que toda empresa se comunica. No sólo mediante la comunicación personal de quienes trabajan en ella, sino a través de sus productos, sus catálogos, sus instalaciones. Cualquier empresa está permanentemente transmitiendo mensajes voluntarios o involuntarios, en base a los cuales será construida su imagen, su marca que es otro de los valores emocionales con lo que puedes diferenciarte. Porque la imagen de empresa, el prestigio, el posicionamiento de una marca o de una organización son realidades que no están en ella misma, están en la mente de los demás: de los clientes, los distribuidores, la competencia, los proveedores, los propios trabajadores,… todos, de una manera u otra, reciben comunicaciones de la empresa y construyen una imagen positiva o negativa de la misma.

Por ello, en esta sociedad de la comunicación, es absolutamente necesario que la empresa cuide sus mensajes y sea consciente de que ha de tener una estrategia de comunicación que se aplique con rigor y coherencia. La comunicación es, además, un vehículo para la innovación y para la diferenciación, y la materia básica con la que se construyen las marcas.

En definitiva son las actitudes positivas las que mejores resultados provocan, y es la comunicación una de las consecuencias de esas actitudes adecuadas, de forma que al gestionar tu actitud, estás gestionando tu comunicación que sin duda debe enfocarse no en vencer sino en convencer, no en someter sino en liderar y serás percibido no como real sino como auténtico, ganando confianza e influencia en los demás.

ACTITUD Y EMPRESA

Antes de comenzar quiero agradecerte que me dediques un ratito de tu tiempo, que es sin duda una de las cosas más valiosas que me puedes dar. Para mí es un placer que estés ahí y mi máxima aspiración es poder compensarte como tú te mereces. El último día, hablábamos de como la ACTITUD es fundamental en la adquisición de una competencia, parece claro que somos competentes en algo, cuando además de tener los conocimientos necesarios – “saber”, los interiorizamos y con la experiencia adquirimos habilidades – “saber hacer”, pero necesitamos algo más que es el “saber estar”, el ánimo y el comportamiento con el que te enfrentas a las situaciones que se te presentan, es decir tu Actitud.

Te hablaba de que tu Actitud es una variable que determina la consecución de tus resultados y que depende exclusivamente de ti, de forma que incide en tu autoestima, en tu forma de percibirte, en cómo te ves y cómo proyectas tu autoimagen en los demás; es gratis, no cuesta dinero, ni siquiera esfuerzo excesivo, pero tu actitud tiene la capacidad de determinar influencia en ti y en los demás; es inimitable, tu actitud es tu actitud y aunque quiera imitar tus  comportamientos, tu actitud es diferenciadora y exclusiva de ti.

Si esta situación la llevamos al mundo de la EMPRESA, en este entorno actual en que hay de todo, en cualquier momento y en cualquier sitio, son los factores emocionales, son las actitudes de las personas las que marcan la diferencia, convirtiéndose en ventajas competitivas estratégicas de mayor importancia que el precio de los productos o servicios que se ofrecen.

Y eso se pone mucho más de manifiesto si tu empresa (estés en el cargo que estés) es principalmente de servicios; la diferencia fundamental con tus competidores es tu actitud y la de tu equipo. Si eres empresario, autónomo o gestor de un equipo, tienes necesariamente que gestionar actitudes y si eres miembro de un equipo tienes que hacer que tu actitud sea excelente y así marcarás diferencia con esos competidores y además estarás más cerca de conseguir los resultados que tu equipo se haya marcado.

Para conseguir el éxito en la empresa y obtener confianza e influencia en tu cliente, acercarte a su satisfacción y posterior fidelización tienes que manejar variables racionales y emocionales. Las racionales están relacionadas con tu producto o servicio, con los procesos, con las garantías y con el precio. Si tu producto o servicio es único y lo necesita tu cliente, el negocio es tuyo, pero eso no suele ocurrir, lo normal es que tengamos un producto bueno que entra en competencia con el resto de empresas de tu sector. Si además aplicas procesos novedosos que inciden en la comodidad del cliente o en la funcionalidad del producto, mejor. Pero los procesos se pueden al final copiar con lo que la exclusividad se limita. Lo mismo ocurre con las garantías, si ofreces una garantía muy fiable, ganas cuota de mercado, pero al final es posible que también  se pueda imitar. En cuanto al precio, qué decirte, si basas toda tu diferencia competitiva en el precio es probable que acabes fracasando porque siempre habrá alguien que pueda hacerlo por un precio más bajo, a costa de modificar alguna variable anterior, además por precio no conseguirás ni confianza ni fidelización. En fin dentro de estas variables racionales quizás lo más conveniente, lo recomendable, sea diferenciarte con alguna de ellas o todas, sin rebajar el precio.

Pero además existen otras variables de carácter emocional, que sin duda establecen la diferencia y son la Actitud y la Marca, porque son la que realmente generan confianza en el cliente y desde estas variables puedes alcanzar credibilidad e influencia y acercarte a cubrir necesidades superiores como la autoafirmación, la pertenencia, el reconocimiento o la contribución.

Por tanto, aquellas variables racionales es muy probable que acaben consiguiéndolas las empresas de la competencia, luego la diferencia va a estar en estas variables emocionales, ya que la satisfacción y la confianza se obtienen mediante procesos emocionales. Por eso acaba ocurriendo que en la ecuación del Valor de tu producto o servicio, son importantes tus conocimientos y tus habilidades, pero no suficientes, por tanto suman; lo que parece claro es que la Actitud es un factor diferencial, porque querer es más importante que saber, por tanto en esa ecuación la Actitud multiplica.

Por ello, hay que realizar una gestión de las actitudes y eso se consigue trabajando las emociones, generando estados emocionales positivos, provocando motivación y optimismo.

Permíteme que te ofrezca algunas opciones que puedes valorar para que construyas actitudes que te acerquen tu éxito empresarial:

  • Sé positivo: se trata de un estado mental que tienes que elegir, y puestos a elegir mejor positivo que negativo, es decir valora y abraza las cosas buenas que te rodean desde el optimismo.
  • Sonríe: así construyes relaciones, provocas confianza y motivación y eso revierte inmediatamente en ti, mejorando tu autoestima.
  • Trabaja las opciones: genera oportunidades desde la flexibilidad, entiende las dificultades como posibilidades de crecimiento y aprendizaje.
  • Actúa con pasión: que sea el amor tu estado natural y verás cómo eso se traduce en inspiración e influencia; es cien por cien efectivo.

En definitiva son las actitudes positivas las que mejores resultados provocan ya que te permiten un crecimiento personal inmediato y sin duda te van a llevar al desarrollo y al éxito empresarial.