MIEDO Y ACTITUD

Antes de nada te agradezco mucho que sigas dedicándome parte de tu tiempo, es un placer para mí que estés ahí y espero compensarte como te mereces. El último día, recuerda, que te hablaba de gestionar la Autoexigencia, conviviendo con esa relación conmigo, con el cómo me percibo, cómo me hablo, cómo me trato y ocurre a veces que si no reconozco mi verdadero potencial, si no reconozco mi fuerza interior corro el riesgo de que surja esa emoción básica que es el MIEDO, ya sabes, cuando recibes estímulos a los que le aplicas significados de pérdida de control, surge el miedo. Evidentemente para gestionarlo, hay que sentirlo, hay que aprovechar su experiencia como consejero pero que no te domine, que no evite apreciar tu verdadero poder, que no amenace tu autoestima.

Te proponía un juego para adivinar ese significado que provoca miedo y haciéndote consciente de él, resignificarlo y modificar las emociones para llegar acciones y resultados diferentes. En cualquier caso, lo que es evidente es que la mejor forma de afrontar el miedo, el que no te favorece, es con la adecuada ACTITUD.  La actitud determina el ánimo y el comportamiento con el que te enfrentas a las situaciones que se te presentan y es uno de los pilares del modelo de competencias que se impone hoy día en cualquier relación personal, social, económica, política, etcétera. Para ser competente en algo, primero tienes que adquirir una serie de conocimientos, un “saber”; cuando ese saber se interioriza, provoca una serie de habilidades que te llevan a conseguir un “saber hacer”; esa aptitud alcanzada no es suficiente para ser competente, te hace capaz, pero necesita un escalón más para llegar a obtener un “saber estar”, y ese salto es la Actitud, tu manera de estar, la que condiciona, desde tus capacidades, tu comportamiento y por tanto tus acciones.

La Actitud es una variable que determina la consecución de tus resultados y, sabes lo mejor, que depende exclusivamente de ti, es claramente estratégica y marca la diferencia por tres razones:

  1. Incide en tu autoestima, en tu forma de percibirte, en cómo te ves y cómo proyectas tu autoimagen en los demás; por tanto provoca autoconfianza y, como no, confianza en los demás.
  2. Es gratis, no cuesta dinero, ni siquiera esfuerzo excesivo, pero tu actitud tiene la capacidad de determinar influencia en ti y en los demás.
  3. Es inimitable, tu actitud es tu actitud y aunque pueda acercarme a tus comportamientos, tu actitud es diferenciadora y exclusiva de ti.

La Actitud condiciona de forma muy clara nuestras emociones como respuestas bioquímicas inmediatas al significado que aplicamos a los estímulos que recibimos, pero claro si queremos sostener una emoción y convertirla en un estado emocional (que es duradero y se mantiene en el tiempo) lo que tenemos que analizar es qué Actitud nos conduce a ese significado.

Una forma fácil de configurar tu Actitud es analizar la manifestación o el ánimo con que te enfrentas a una determinada situación y eso depende de dónde pongas el foco, si lo haces en los beneficios y soluciones que obtienes y ofreces alineados con tus objetivos, o lo haces en los obstáculos y dificultades que te encuentras en el camino. Pero también depende de la fisiología corporal que estés empleando que sin duda va a condicionar tu forma de enfrentarte a los estímulos externos o internos que recibes. Y como no, es fundamental en la configuración de tu Actitud, el lenguaje que utilices, porque a su vez está condicionando ese significado y por tanto te está llevando a una emoción diferente desde esa actitud determinada.

Por tanto, en la relación contigo, en las relaciones personales, en las relaciones sociales, en las relaciones laborales, el valor que tienes, el valor que ofreces, depende de lo que sabes, depende de tus habilidades, es evidente que tus conocimientos y tus aptitudes suman, son importantes pero no suficientes, en cambio tu Actitud multiplica, es la que te permite afrontar los comportamientos ante las situaciones que se plantean y claramente condiciona las acciones a desarrollar para alcanzar los resultados que te plantees.

Y hoy lo que te propongo es que analices esos resultados que estás obteniendo, si son los que te conducen hacia tu ser declarado, magnífico, si no, comienza por modificar tu actitud, y ¿cómo?, tan solo te digo, STOP:

  • S – Sonríe, para, respira
  • T – Toma consciencia
  • O – Observa, calibra y busca opciones
  • P – Procede haciendo lo que te acerca a tu verdadera esencia

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