VENTAS Y AUTOEXIGENCIA

Te agradezco mucho que me dediques parte de tu tiempo y lo que espero es que el contenido que aquí te ofrezco te compense convenientemente. El último día hablábamos de la asociación de Marca Personal y Ventas; te decía que   todos vamos dejando una huella en la relación con los demás y que está en nosotros la posibilidad de gestionarla para ganar influencia en nuestras relaciones y así acercarnos a los resultados que nos proponemos.

Tu Marca Personal indudablemente ayuda y complementa a tu Marca Profesional, que es la huella que dejan los productos o servicios que ofreces. Lo que está claro es que a tu talento, es decir a esa capacidad que tienes para desarrollar habilidades y aptitudes, tienes que unirle ese concepto que te introducía de la VENTA, como suelo decir, hay que abrazar al mundo de las ventas, hay que salir a la calle y tolerar la frustración al NO.

Por tanto además de tu indudable talento, tu éxito está condicionado al  desarrollo de toda una serie de actitudes que conducen a una venta eficiente. Pero de la misma manera que la venta se dirige a calmar procesos emocionales de tu cliente, tú como vendedor estás empleando herramientas emocionales que si no gestionas adecuadamente te van a generar un desgaste, que te conducirán a provocarte estrés e insatisfacción. Me estoy refiriendo a tu AUTOEXIGENCIA, que a veces, puede interrumpir tu fluir auténtico y desencadenarte angustia.

La autoexigencia surge a partir de la relación con nosotros mismos, y se puede llegar a convertir en perniciosa dependiendo de cómo me percibo, cómo me hablo, cómo me trato… Desde mi punto de vista la autoexigencia gestionada con naturalidad es un valor que te acerca hacia cotas mayores, hacia la excelencia en tus capacidades, pero claro la autoexigencia que te conduzca a exigirte una perfección inexistente, y en todo caso seguro que innecesaria, te lleva a angustia y casi vacío existencial.

Es evidente que todo esto se soporta en las creencias, valores, cultura adquirida, que condiciona nuestra forma de percibir el mundo, y claro, nos hacemos más “coherentes” si no los cuestionamos; eso está bien hasta que analizamos si los resultados que obtenemos son lo que nos satisfacen o no. Suele ocurrir además que mi forma de ser ante los demás es mucho más permisiva y flexible que conmigo mismo, como que no nos damos el permiso de explorar nuevos caminos que sí otorgamos a los demás.

En este punto marco distancia y te digo que si vives continuamente en tus “debes” adquiridos o impuestos desde el exterior, es posible que acabes no distinguiendo cuáles son tus deseos auténticos. Te recomiendo que cuestiones tus “estándares introyectados” antes de que toda la relación contigo mismo se realice desde ellos y en lugar de hacerte crecer, tu autoexigencia se convierta en generadora de rabia y angustia.

Y me dirás, muy bien, ¿pero esto cómo se consigue?. Pues vamos a reformular ciertos introyectos:

  • Ser perfecto: permítete no ser siempre el mejor, incluso permítete equivocarte, con esa actitud estás aportando mucho a los demás.
  • Ser el más fuerte: date permiso para no aguantar más que nadie, expresa tus emociones y pide ayuda cuando la necesites.
  • Ser eficiente: permítete derechos y no sólo obligaciones.
  • Ser fantástico: te pregunto, ¿y tus necesidades más auténticas? Además de cubrir continuamente las de los demás, date permiso para satisfacer las tuyas. En este punto siendo egoísta, estás sin duda mejorando la relación con los demás y aportando mucho más.

Para que tu autoexigencia te conduzca hacia tus éxitos te recomiendo lo siguiente:

  • No justifiques la consecución de tus objetivos por cuestiones externas, algún mérito habrás tenido tú.
  • No minimices tus logros comparándolos con otras informaciones para quitarles importancia.
  • No devalúes tu éxito tomando como referencia que se puedan presentar algunos fallos.
  • No te paralices debido a tu exagerada autodemanda.
  • No dejes de reconocer tus logros, no los anules.

La relación que te propongo con tu autoexigencia consiste en reencuadrar el “nunca es suficiente” con el “todo es válido”. Valora tu esfuerzo, tu dedicación, tu entrega y tu amor, porque desde el exterior te aseguro que todos los advertimos.

Además, relájate, deja de empujar el río, ya es tiempo de dejar fluir la corriente, descubre la autenticidad de ese camino que has emprendido y saborea la vida de forma más plácida y serena. Resignifica y date permiso para vivir en otras emociones que te provoquen resultados más placenteros.

Pasa del vacío estéril al vacío fértil, acéptate tal como eres y encontrarás la calma necesaria para vivir aquí y ahora; el camino lo habrás acortado y será tu esfuerzo, tu trabajo y tu perseverancia los valores que forjen tus resultados. Cuando reconozcas tus necesidades auténticas te percatarás del sentido de tu existencia y del valor que tiene las decisiones tomadas y las decisiones que conducen a satisfacer esas necesidades.

En definitiva, usa tu autoexigencia para relacionarte mejor contigo mismo, alineando tus necesidades y tus objetivos. Reformula ciertos procesos emocionales para hacerte más sensible, consciente y responsable de ti mismo. Vas a conseguir más autocompasión, más tolerancia y más amor contigo y sin duda eso va a mejorar tu influencia hacia los demás, en el plano personal y profesional, que  te llevará a los resultados esperados.

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