AUTOEXIGENCIA Y MIEDO

Vuelve a ser un placer que te sitúes ahí junto a mí; te agradezco mucho que sigas dedicándome parte de tu tiempo y espero compensarte como te mereces. Recuerda que el último día hablábamos de que cualquiera que fuera nuestra situación laboral, nos vemos obligados a vender los productos, servicios o resultados que ofrecemos, es decir a calmar la necesidades de nuestros clientes (incluso cuando el cliente es nuestro propio jefe), es decir a generar estados emocionales de satisfacción y resolución de un dolor, pero eso nos genera a nosotros un coste emocional que debemos gestionar desde nuestra Autoexigencia, evitando interrumpir nuestro fluir auténtico.

Teniendo en cuenta que la autoexigencia surge a partir de la relación con nosotros mismos, de cómo me percibo, cómo me hablo, cómo me trato, si no reconocemos nuestras capacidades difícilmente reconoceremos los logros conseguidos y por tanto la autoexigencia no se verá satisfecha, generando estrés y angustia. Pero ocurre además que a veces no queremos reconocer nuestra fuerza, nuestro potencial por MIEDO, miedo al fracaso, miedo al fallo, miedo al cambio o incluso miedo al éxito.

El miedo es reconocido como una de las emociones básicas, de las que vienen con nosotros de serie, por tanto hay que valorarlo en su justa medida, agradecerle que te haya traido hasta hoy. Y para apreciar tu verdadero  poder, convivir con él, aprovechar su experiencia como consejero pero que no te domine. El miedo, bien entendido, es necesario porque posibilita evitar algo doloroso o peor aún, ya que es un mecanismo de defensa que está ‘tallado’ en el ADN de los seres humanos, permitiendo responder con mayor rapidez y eficacia ante las adversidades.

El miedo surge cuando recibes estímulos que te provocan pérdida de control, incertidumbre, cuando el cerebro no encuentra referencias ciertas, disparando acciones casi inmediatas contra esa amenaza. Si la amenaza es real, va en contra nuestra vida, hay que dejarlo actuar, nos va a ayudar a alejarnos de ese suceso para el que no estamos preparados. Pero si la amenaza es contra nuestra autoestima, hay que analizar nuestro sistema de creencias y de comportamientos, porque esa historia que nos provoca miedo, ese significado, si no te lleva a resultados adecuados se puede resignificar para superarlo y generar nuevas emociones que te lleven a acciones diferentes con las que conseguir resultados distintos.

Cuando comienzas a sentir esa pérdida de control, y te haces consciente de ello superando el bloqueo que te produce,  es que algo estás moviendo en tu interior; si insistes en ello, queriéndote, con coraje, osadía, creatividad, un punto de locura, esfuerzo, perseverancia y las estrategias adecuadas, es que estás entendiendo que fuiste creado para hacer algo grande, desde tu ser declarado, por tanto acabarás proyectándote desde tu interior, desde tu misión hacia el exterior, hacia los demás.

Te propongo un juego si sientes ese miedo que te bloquea, adivina qué significado es el que provoca tu miedo y modifícalo. Coge bolígrafo, papel y contesta brevemente a estas preguntas:

¿Cuál es el salto que quiero dar? Quiero conseguir…
¿Cómo cambiaría mi vida si lo consiguiera? Mi vida sería…
¿Qué me lo impide? Mi miedo a…
¿Qué no quiero perder? No quiero perder…

¿Qué quiero perder? Quiero perder…

 

¿Qué significado esconde tu miedo? Ahora el siguiente paso es hacer esa lista con las acciones a realizar para hacer que esa emoción que te paraliza vaya disminuyendo y se modifique por otra que en lugar de limitarte, te potencie y te acerque a tus resultados deseados.

Percíbete con tu valor verdadero, ámate para poder amar, vive, pero desde el amor y sin miedo, eso seguro que hará cambiar tu mundo y cambiará el mundo que te rodea; es tu responsabilidad, quiérete, busca dentro de ti, ahí está lo que necesitas y valora tus logros, “a veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara tu gota” (Madre Teresa de Calcuta).

VENTAS Y AUTOEXIGENCIA

Te agradezco mucho que me dediques parte de tu tiempo y lo que espero es que el contenido que aquí te ofrezco te compense convenientemente. El último día hablábamos de la asociación de Marca Personal y Ventas; te decía que   todos vamos dejando una huella en la relación con los demás y que está en nosotros la posibilidad de gestionarla para ganar influencia en nuestras relaciones y así acercarnos a los resultados que nos proponemos.

Tu Marca Personal indudablemente ayuda y complementa a tu Marca Profesional, que es la huella que dejan los productos o servicios que ofreces. Lo que está claro es que a tu talento, es decir a esa capacidad que tienes para desarrollar habilidades y aptitudes, tienes que unirle ese concepto que te introducía de la VENTA, como suelo decir, hay que abrazar al mundo de las ventas, hay que salir a la calle y tolerar la frustración al NO.

Por tanto además de tu indudable talento, tu éxito está condicionado al  desarrollo de toda una serie de actitudes que conducen a una venta eficiente. Pero de la misma manera que la venta se dirige a calmar procesos emocionales de tu cliente, tú como vendedor estás empleando herramientas emocionales que si no gestionas adecuadamente te van a generar un desgaste, que te conducirán a provocarte estrés e insatisfacción. Me estoy refiriendo a tu AUTOEXIGENCIA, que a veces, puede interrumpir tu fluir auténtico y desencadenarte angustia.

La autoexigencia surge a partir de la relación con nosotros mismos, y se puede llegar a convertir en perniciosa dependiendo de cómo me percibo, cómo me hablo, cómo me trato… Desde mi punto de vista la autoexigencia gestionada con naturalidad es un valor que te acerca hacia cotas mayores, hacia la excelencia en tus capacidades, pero claro la autoexigencia que te conduzca a exigirte una perfección inexistente, y en todo caso seguro que innecesaria, te lleva a angustia y casi vacío existencial.

Es evidente que todo esto se soporta en las creencias, valores, cultura adquirida, que condiciona nuestra forma de percibir el mundo, y claro, nos hacemos más “coherentes” si no los cuestionamos; eso está bien hasta que analizamos si los resultados que obtenemos son lo que nos satisfacen o no. Suele ocurrir además que mi forma de ser ante los demás es mucho más permisiva y flexible que conmigo mismo, como que no nos damos el permiso de explorar nuevos caminos que sí otorgamos a los demás.

En este punto marco distancia y te digo que si vives continuamente en tus “debes” adquiridos o impuestos desde el exterior, es posible que acabes no distinguiendo cuáles son tus deseos auténticos. Te recomiendo que cuestiones tus “estándares introyectados” antes de que toda la relación contigo mismo se realice desde ellos y en lugar de hacerte crecer, tu autoexigencia se convierta en generadora de rabia y angustia.

Y me dirás, muy bien, ¿pero esto cómo se consigue?. Pues vamos a reformular ciertos introyectos:

  • Ser perfecto: permítete no ser siempre el mejor, incluso permítete equivocarte, con esa actitud estás aportando mucho a los demás.
  • Ser el más fuerte: date permiso para no aguantar más que nadie, expresa tus emociones y pide ayuda cuando la necesites.
  • Ser eficiente: permítete derechos y no sólo obligaciones.
  • Ser fantástico: te pregunto, ¿y tus necesidades más auténticas? Además de cubrir continuamente las de los demás, date permiso para satisfacer las tuyas. En este punto siendo egoísta, estás sin duda mejorando la relación con los demás y aportando mucho más.

Para que tu autoexigencia te conduzca hacia tus éxitos te recomiendo lo siguiente:

  • No justifiques la consecución de tus objetivos por cuestiones externas, algún mérito habrás tenido tú.
  • No minimices tus logros comparándolos con otras informaciones para quitarles importancia.
  • No devalúes tu éxito tomando como referencia que se puedan presentar algunos fallos.
  • No te paralices debido a tu exagerada autodemanda.
  • No dejes de reconocer tus logros, no los anules.

La relación que te propongo con tu autoexigencia consiste en reencuadrar el “nunca es suficiente” con el “todo es válido”. Valora tu esfuerzo, tu dedicación, tu entrega y tu amor, porque desde el exterior te aseguro que todos los advertimos.

Además, relájate, deja de empujar el río, ya es tiempo de dejar fluir la corriente, descubre la autenticidad de ese camino que has emprendido y saborea la vida de forma más plácida y serena. Resignifica y date permiso para vivir en otras emociones que te provoquen resultados más placenteros.

Pasa del vacío estéril al vacío fértil, acéptate tal como eres y encontrarás la calma necesaria para vivir aquí y ahora; el camino lo habrás acortado y será tu esfuerzo, tu trabajo y tu perseverancia los valores que forjen tus resultados. Cuando reconozcas tus necesidades auténticas te percatarás del sentido de tu existencia y del valor que tiene las decisiones tomadas y las decisiones que conducen a satisfacer esas necesidades.

En definitiva, usa tu autoexigencia para relacionarte mejor contigo mismo, alineando tus necesidades y tus objetivos. Reformula ciertos procesos emocionales para hacerte más sensible, consciente y responsable de ti mismo. Vas a conseguir más autocompasión, más tolerancia y más amor contigo y sin duda eso va a mejorar tu influencia hacia los demás, en el plano personal y profesional, que  te llevará a los resultados esperados.