COHERENCIA Y FELICIDAD

Comienzo agradeciéndote que me dediques un ratito de tu tiempo. En la última entrada  de este blog hablé de coherencia como esa capacidad de mantener alineado en la misma dirección, pensamiento, sentimiento, lenguaje y acción. Resulta que se ha demostrado que la actividad mental cambia el cerebro, lo que pensamos, sentimos, hacemos y decimos cambia nuestro cerebro. Parece por tanto que nuestra coherencia nos llevará a hacia un cerebro coherente.

Recordad lo que decía Santiago Ramón y Cajal a principios del siglo XX, “el ser humano puede ser el escultor de su propio cerebro si se lo propone”, pues aquello que no era más que una hipótesis, en la actualidad se ha confirmado gracias a los avances de la neurociencia y al desarrollo del concepto de la neuroplasticidad, según el cual el cerebro está cambiando continuamente y variando de forma constante los procesos, creando nuevas neuronas, creando nuevas conexiones entre las neuronas, activando y reactivando circuitos neuronales, e incluso eliminando circuitos y conexiones neuronales.

¿Sabéis la buena noticia? El cerebro se puede reprogramar para ser feliz. Nosotros podemos poner de nuestra parte para que los circuitos cerebrales de la felicidad se activen, y así, sentirnos bien. Incluso con nuestros pensamientos y sentimientos podemos modificar nuestro cerebro, disminuyendo en él lo que nos hace infelices y aumentando lo que nos hace felices. Por tanto, más allá de la genética e incluso de las condiciones culturales y sociales, podemos ser más felices de lo que somos, si nos lo proponemos. Como casi todo es cuestión de aprendizaje, se puede lograr con ejercicios, constancia y disciplina.

La felicidad está relacionada con el sentido de la vida, el logro de las metas y los objetivos y la satisfacción personal, se trata de un estado desde el que vivir la vida.

Por tanto, se trata de ser consciente de lo que nos hace felices y de lo que nos impide serlo y a partir de ahí aprender a controlar nuestro cerebro aprovechando esa capacidad de neuroplasticidad del cerebro, reprogramándolo en nuestro propio beneficio. Para conseguir los resultados apetecibles, hay que trabajar de forma continua y con esfuerzo, en tres niveles diferentes:

  • Desarrollo cognitivo: se trata de trabajar en el pensamiento, en los procesos que hacen que los pensamientos se alíen con nosotros y para ello hay que hacer ejercicios sencillos que provoquen que nuestros pensamientos sean ricos y generen acciones ricas que sin duda van a llevar a resultados ricos. Vamos a reconocer los pensamientos negativos y vamos a sustituirlos por pensamientos positivos, que son los que provocan soluciones y bienestar. Ejercicios tan fáciles como recordar las experiencias positivas, las que nos produjeron bienestar, tener ilusiones, agradecer, evitar la queja, o simplemente respirar diafragmáticamente, para poner en marcha el sistema parasimpático y evitar el estrés que nos permita tomar decisiones desde la tranquilidad.

 

  • Desarrollo emocional: se trata de trabajar los sentimientos, reconocer las emociones propias y las de los demás, para desde el autoconocimiento desarrollar la capacidad de autocontrol de las emociones. Con ello generamos motivación y optimismo, por tanto estamos creando sentimientos positivos. Al controlar las emociones permitimos modificar las negativas, las que nos producen resultados no adecuados, por emociones positivas, es decir las que nos llevan a acciones que provocan resultados deseados. De esta forma estamos creando y ampliando redes neurales desde esas emociones positivas y suprimimos las redes que se desarrollan desde las emociones negativas. Los ejercicios son fáciles, reconocer las emociones y aquellas que no nos ayudan modificarlas por las que se alían con los resultados que esperamos.

 

  • Desarrollo conductual: se trata de trabajar en las acciones, en aquellas acciones que hacen que consigamos los resultados que nos proponemos, para ello hay que actuar queriéndose, mimándose, disfrutando de cada momento y haciendo de forma congruente con tu ser declarado. Si pasamos muchas horas al día con nosotros mismos, por qué no querernos algo más y cuánto más tiempo dediquemos al día a hacer cosas que nos gustan, más circuitos cerebrales de placer y alegría vamos a activar.

En definitiva, para reprogramar nuestro cerebro para ser feliz vamos a desarrollar la corteza prefrontal, la buena noticia es que es posible y con perseverancia y esfuerzo, se puede aprender a modificarlo, por tanto la felicidad como estado mental está en el propio desarrollo de nuestro cerebro, y nos proporciona mejora de la capacidad intelectual, de la motivación, potencia la creatividad y aumenta la empatía y el interés por el mundo, siendo muy beneficiosa para nosotros mismos y para la relación con los demás.

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